¿Puede ser el cannabis beneficioso para los asmáticos?

Cuando tienes un ataque de asma, los pequeños conductos de aire de tus pulmones se inflaman provocando sibilancias, dificultad respiratoria, opresión torácica y tos. Se trata de una enfermedad respiratoria crónica que afecta a más de 300 millones de personas y que es la responsable de unas 250.000 muertes al año en todo el mundo.

La única forma de librarse de esa sensación de ahogo son unos inhaladores de Salbutamol o Isoprenalina – comúnmente conocido como Ventolín – que todo asmático lleva consigo, aunque solamente funciona durante períodos breves de tiempo. Pero… ¿Y si hubiera una planta – ilegal – que calmase los síntomas de esta enfermedad?

Siendo una patología del sistema respiratorio, parece imposible que el consumo de cannabis pueda ser beneficioso, pero realmente existe una larga historia sobre el uso de esta planta como tratamiento frente al asma. Sabemos que los usos terapéuticos de la marihuana se descubrieron en china en torno al 2.700 a.C., pero los primeros datos sobre el tratamiento del asma mediante la planta del cannabis nos llegan de Egipto, donde trataban ésta y otras enfermedades, como el glaucoma, mediante su uso allá por el 1.200 a.C. Siglos más tarde las farmacéuticas comercializaban jarabes para la tos y cigarrillos anti-asma con cannabis, pero tras la prohibición desaparecieron del mercado.


En los años 70 se llevaron a cabo una serie de estudios para determinar si el uso de esta planta beneficia a los enfermos de asma. Querían comparar los efectos del THC con los de la Isoprenalina y el Salbutamol. En el primer estudio, administraron cannabis, vía oral y vía respiratoria, e Isoprenalina a diferentes asmáticos, y concluyeron que el THC tiene un efecto broncodilatador significativo de como mínimo dos horas de duración, siendo el cannabis fumado casi equivalente a la dosis clínica de la Isoprenalina. En un segundo estudio compararon los efectos de un aerosol de THC con uno de Salbutamol en 10 pacientes y ambas sustancias mejoraron perceptiblemente la función respiratoria, siendo el Salbutamol más rápido en actuar, pero también en dejar de hacer efecto.

Aunque el asma se conocía tradicionalmente como una enfermedad genética, son muchas las evidencias de que puede ser causada, tanto por desencadenantes endógenos – internos a la persona –, como debido a un efecto vírico o bacteriano sobre el sistema inmunológico durante la infancia. Existen recientes investigaciones que estudian el potencial de antibióticos como Eritromicina y Acitromicina para tratar a corto o largo plazo sus síntomas. Además varios estudios han demostrado que el THC, el CBD y el CBG tienen un efecto bactericida ante varios agentes patógenos, entre los que se incluye el género sospechoso de causar asma en la infancia, Streptococcus.

Esta enfermedad crónica produce – en la mayoría de los casos – un fuerte dolor en el pecho durante los ataques, que se ven incrementados por la contaminación ambiental y las afecciones víricas, provocando un flujo de aire inferior a la media de las personas sanas. Los bronquios que transportan el oxígeno a los alveolos se contraen y el flujo de oxígeno se reduce. La administración de cannabinoides puede mejorar la broncoconstricción gracias a sus efectos broncodilatadores.
La constricción bronquial también puede darse debido a espasmos involuntarios, por lo que también cabe destacar que estudios publicados en 2014, en los que se tomaron muestras de tejido bronquial a 88 pacientes para someterlas a estimulaciones eléctricas y después administrar  THC y un compuesto sintético que facilita la unión a los receptores CB1 y CB2, determinaron que estos cannabinoides reducían la tensión muscular.

Los efectos antiinflamatorios del cannabis son muy conocidos y aunque los estudios hasta la fecha se han basado en su efecto broncodilatador frente al asma, también se observa una reducción en la inflamación bronquial que podría ser debida a los receptores cannabinoides que se encuentran en nuestro tejido pulmonar. Esto podría ser una gran alternativa frente al uso de corticoides o medicamentos antiinflamatorios no esteroideos que se utilizan en los casos más graves y que usados con regularidad pueden provocar efectos secundarios como insomnio, náuseas, taquicardia, hemorragias, convulsiones, osteoporosis e incluso disminución del crecimiento en los niños.

Además las propiedades analgésicas de la marihuana podrían ser útiles para controlar el dolor y reducir la presión en los pulmones, actuando directamente sobre el sistema nervioso.
No es de extrañar que dentro de la comunidad médica los tratamientos con cannabis para asmáticos tengan mala fama, es cierto que el humo provoca irritación en los pulmones y favorece la destrucción de los tejidos que constituyen los alveolos, pero fumarse un porro no es la única forma de administrar cannabinoides a nuestro cuerpo.

Las personas que sufren esta patología no deberían medicarse con cannabis sin el asesoramiento especializado de un profesional, ni dejar de utilizar los tratamientos comúnmente recetados por los médicos.

Los productos comestibles con cannabinoides pueden ser eficaces pero como tratamiento a largo plazo, ya que sus propiedades tardan en hacer efecto, lo que no lo hacen una buena opción para contrarrestar ataques. Sin duda alguna la mejor opción es la vaporización, ya que los riesgos para los pulmones se reducen al mínimo. La inhalación de vapor en estas circunstancias médicas no debe ser violenta para evitar sufrir un ataque de tos, por lo que se recomienda dar caladas pequeñas y suaves, de unos cuatro segundos de duración, y exhalar tranquilamente.

Al vaporizar pueden aparecer consecuencias en nuestro sistema respiratorio muy sencillas de contrarrestar. La elección de un buen vaporizador es primordial, ya que debe permitirte regular la temperatura para que no supere los 220ºC y disponer de malla o filtro para evitar la inhalación de partículas. No es recomendable consumir ni tabaco, ni marihuana fresca – que no funciona tan bien como después de un correcto proceso de curado, por su alto contenido en agua -, ni extracciones –  las cuales no son recomendables para pacientes no acostumbrados a su uso por su potencia, pudiendo resultar más agresivas para su sistema respiratorio-. Por último, no debes olvidar que mantener el dispositivo y sus componentes limpios es muy importante, y que para evitar la sequedad y el picor en la garganta, es imprescindible beber agua de forma regular.

Las variedades índicas ayudan a reducir la ansiedad propia de los ataques de asma, relajando cuerpo y mente – aunque esto depende de cada usuario y la tolerancia que ofrece su cuerpo frente a los cannabinoides -.

En base a lo revisado, la medicina moderna debería invertir tiempo en seguir investigando sobre la relación de alivio del asma cuando intervienen cannabinoides en cualquiera de sus diversas formas de administración. El efecto en general del cannabis sobre el aparato respiratorio es muy polémico, muy probablemente porque su uso más extendido es la combustión, pero las nuevas formas de administración, tanto en aerosoles como en vaporizadores, junto con estas evidencias, deberían servir para que se siga luchando contra la estigmatización de esta planta de propiedades únicas.

 

Publicado por @desayunoconweed