Reducción de riesgos asociados al consumo de cannabis

Independientemente del método de consumo, administrar cannabis a nuestro organismo a corto y largo plazo tiene ciertos posibles efectos secundarios.

A corto plazo, los posibles efectos de la marihuana – más presentes en personas con baja tolerancia – son el incremento del apetito y la aparición de taquicardias o ansiedad. Se produce además una broncodilatación pulmonar y se pueden experimentar pequeñas pérdidas de memoria a corto plazo y pequeñas alteraciones visuales. Las personas hipertensas deben utilizar variedades con mayor ratio de CBD, ya que actúa como hipotensor, y evitar las cantidades elevadas de THC, asimismo las personas con enfermedades del corazón deben ser especialmente cuidadosos a la hora de consumir cannabinoides.

A largo plazo sí pueden aparecer efectos graves, la gran mayoría derivados de un consumo por combustión durante años, relacionados sobretodo con el sistema respiratorio. También es posible que el consumo abusivo prolongado provoque en ciertas personas un estado de depresión prolongado, pero todos los efectos del cannabis dependen principalmente de la persona que lo consume, su tolerancia, su estado físico y anímico, el método de consumo utilizado e incluso el marco socio-cultural que lo rodea.

Por todo esto es recomendable para cualquier usuario – especialmente para usuarios medicinales – realizar una reducción de riesgos asociados al consumo.

La reducción de riesgos empieza en la elección de lo que vas a consumir. Con el cannabis no sólamente debemos tener en cuenta el cogollo final, si no que al ser un producto natural hay que tener en cuenta su método de cultivo. En los cultivos de exterior, las precauciones deben extremarse, ya que muchas veces no se utilizan sustratos profesionales para las plantas. El medio en el que trabajamos es muy importante y debe estar libre de agentes nocivos como metales pesados o pesticidas. En los cultivos de interior, se usan más comunmente sustratos específicos para marihuana que ya vienen preparados. El cultivo debe ser riguroso, ya que luego vamos a consumir el producto final, y el mantenimiento de unas buenas variables – iluminación, temperatura, ventilación y humedad – es esencial para no recibir la visita de plagas indeseadas en nuestros cultivos, así como la observación es clave a la hora de detectar hongos. Las marcas del sector nos ofrecen sustratos que tienen un nivel de nutrientes adecuado a las necesidades de cada fase de la planta, y ya sean orgánicos o biominerales, no tienen elementos nocivos para el consumo humano.

Cuando acudes al mercado negro, ya sea para comprar marihuana o hachís, no sabes dónde fueron cultivadas las plantas, ni en que condiciones, y seguramente esa placa no será de Iceolator de autocultivo, si no que vendrá de otros países adulterado para conseguir el mayor beneficio posible, lo que obviamente es muy nocivo para nuestra salud. La mejor manera de saber lo que fumas, es cultivarlo tú mismo, o asociarte en un club cannábico cercano donde puedas cerciorarte de la calidad del mismo.

El consumo abusivo de cualquier sustancia, ilegal o no, no es bueno para nuestro cuerpo, por lo que a la hora de consumir cannabis, especialmente si lo hacemos a diario, es importante plantearnos el método de consumo menos dañino, para reducir las posibilidades de posibles efectos adversos asociados al consumo de esta planta y sus derivados.

El método de consumo más extendido es la combustión, es decir, fumar, ya sea en porro, en pipa o en bong. El humo resultante contiene alquitrán y otras sustancias cancerígenas que no provienen de la planta en sí, sino del proceso de combustión. Más del 80% de estas sustancias que el humo contiene no son cannabinoides, es decir, el 80% del humo que consumimos no tiene propiedades psicoactivas ni medicinales. Además estas sustancias químicas aumentan de forma considerable con agentes externos a la marihuana, como el papel de liar, el filtro utilizado y especialmente el tabaco. Al tabaco de los cigarrillos se le añade más de 5.000 compuestos químicos, entre los que se encuentran amoníaco, naftalina, mercurio o plomo. Su consumo a largo plazo provoca todo tipo de enfermedades y es una de las principales cáusas de mortalidad en el mundo, siendo además la segunda droga más adictiva, después de la heroína. El filtro del tabaco está compuesto de fibras de acetato de celulosa, es decir, de un plástico, y además las compañías le añaden diferentes ingredientes, como por ejemplo, carbón vegetal. En muchas ocasiones dichos ingredientes, como el amianto, tienen muchos más efectos nocivos que lo que sería el humo del tabaco sin filtro.

Por todo esto, a la hora de consumir marihuana con los menores riesgos asociados, deberíamos alejarnos del tabaco, incluso del papel de liar, para sólo consumir gases producidos por la combustión de la planta.

¿Significa esto que fumar en bong es la forma menos nociva de administrarnos cannabinoides? Obviamente no, la combustión produce sustancias químicas dañinas que no aparecen en otras formas de consumo, como la vaporización.

Cuando vaporizamos, realmente no consumimos humo, sino vapor. Calentando la materia vegetal hasta el punto de ebullición de los cannabinoides hacemos que estos se evaporen, conservando muchos más atributos que cuando los quemamos. Cuando se realiza a una correcta temperatura, el vapor resultante de este proceso contiene un 95% de cannabinoides. Teniendo en cuenta que el THC se evapora a 155ºC y el CBD a 165ºC, superando estas temperaturas inhalaremos estos cannabinoides, pero hay que tener también en cuenta el resto de cannabinoides y terpenos que se encuentran en la materia vegetal; en este artículo puedes conocer las temperaturas de evaporación de los principales cannabinoides y terpenos.

Ingerir la marihuana es igualmente seguro, pero también debemos pasar previamente la materia vegetal por un proceso de calor, conocido como descarboxilación, y es más difícil calcular los efectos, que tardan más en aparecer. Elaboraciones profesionales como tinturas o aceites, no tienen apenas efectos secundarios conocidos, y siendo analizados podemos saber con exactitud la cantidad de cannabinoides que contienen, por ello son el método más común para tratar enfermedades, incluso en niños o mascotas.

Conociendo las diferencias entre el humo, el vapor y otras formas de consumo, y teniendo en cuenta la calidad del cultivo, no es raro que muchos fumadores se replanteen su hábito de consumo… A largo plazo, nuestro cuerpo nos lo agradecerá.

 

Publicado por @desayunoconweed