Marihuana Medicinal: Anorexia y Bulimia

A lo largo de la historia se le ha exigido a la mujer procurar un aspecto físico que se sitúe dentro de determinados cánones establecidos por la estética y la belleza. Sin embargo, dichos parámetros han ido modificándose en consecuencia de las diferentes culturas y períodos históricos.

Richard Morton fue el primero en realizar la descripción clínica de la anorexia nerviosa en el año 1649, mientras que a principios de 1870, Sir William Gull fue quien describió a la anorexia como una enfermedad en sí misma. Hoy en día, sabemos con exactitud que las personas que padecen este trastorno no pierden el apetito, sino que lo ignoran de diferentes maneras, y en nuestros tiempos este trastorno no distingue de sexos, aunque según los medios las mujeres siguen siendo más propensas.

Es importante comprender que cuando hablamos de Anorexia o Bulimia básicamente estamos hablando de la adicción a no comer o a  comer compulsivamente y después purgarse por una obsesión con las calorías, el espejo y  la imagen corporal. 

Aunque no se ha llegado a establecer ningún procedimiento estandarizado para el tratamiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, sí que se ha llegado a la conclusión de que este procedimiento debe ser multidisciplinar, es decir, en el tratamiento han de participar varios profesionales desde campos de actuación diferentes – psicología, psiquiatría, endocrinología y nutrición, y, en algunos casos, ginecología -, pero coordinados. La organización de estos dependerá de la fase de la enfermedad y del cuadro que se presente.

El éxito de la terapia para estos trastornos de la alimentación depende de muchos factores: la propia personalidad del paciente y el deseo de cambio, la duración de su trastorno, la edad en que comenzó la enfermedad, su historial familiar, su nivel de habilidades sociales y vocacionales, la complicación con otros trastornos como la depresión y, sobre todo, depende del tipo de tratamiento – que suele ser largo y lento -.

La revista Translational Psychiatry ha publicado recientemente un estudio en el que se trataba de descubrir las jerarquías del cerebro durante el apetito y la ingesta de alimentos para conocer las razones neurológicas que están detrás de cada persona cuando tienen hambre o no. Los investigadores demostraron que los patrones normales de estimulación del apetito en el cerebro están invertidos en aquellas personas que presentan uno de estos TCA y no están regulados por el hipotálamo.

"La región del cerebro encargada del apetito es la encargada de impulsarte a buscar algo de comer. Pero en pacientes con anorexia o bulimia nerviosa no sucede así."

Los TCA generan alteraciones generalizadas en la estructura de las vías cerebrales que rigen la regulación del gusto y el apetito, en concreto en la materia blanca que coordina la comunicación de las diferentes regiones cerebrales. En las mujeres con anorexia o bulimia, que se prestaron al estudio,  las conexiones hacia el hipotálamo eran significativamente más débiles y la información iba en la dirección opuesta, lo que acababa anulando el hipotálamo y las señales que inducían la ingesta de alimentos.

El Hospital del Mar de Barcelona se ha propuesto aportar una alternativa terapéutica para pacientes con anorexia nerviosa crónica muy grave y refractaria: la electroestimulación cerebral profunda, una técnica que, hasta ahora, sólo se había utilizado en situaciones extremas de trastorno obsesivo-compulsivo y en casos graves de Parkinson y otras patologías con síntomas de distonía o temblores.

El estudio incluye a ocho pacientes con este perfil, a quienes se prevé estimular el cíngulo subgeniculado o el núcleo accumbens – según su perfil clínico -. Es decir, dirigir la estimulación eléctrica, a una región del cerebro que controla el estado de ánimo, la ansiedad y el circuito de motivación-recompensa, pero no la región relacionada con el apetito, que en principio sería lo más lógico.

La técnica quirúrgica consiste en la colocación de unos electrodos en una diana seleccionada del cerebro mediante un sistema robótico, conectando estos electrodos a un generador que, a modo de batería, les enviará el estímulo eléctrico.

“Es una intervención muy cara. Cada intervención cuesta unos veinte mil euros, básicamente por los electrodos y el generador. Este hay que cambiarlo cada dos o tres años y cuesta unos doce mil euros”.
A lo largo del siglo pasado se intentó tratar la anorexia nerviosa severa con varias soluciones quirúrgicas que hoy ponen los pelos de punta. Primero las lobotomías y más tarde la ablación de cíngulo. Hoy se lleva acabo un tipo de radioablación irreversible, con rayos gamma – sin herida y con gran precisión -, que crea una pequeña lesión en el cerebro con el mismo objetivo que los electrodos del estudio que se realizará en Barcelona – pero en este caso los efectos pueden ser reversibles.

Habitualmente también se recetan fármacos para controlar y superar todos los síntomas asociados a la anorexia y la bulimia, tales como la pérdida de hueso, la depresión, la menstruación anormal, deshidratación, entre otros. Antidepresivos y ansiolíticos, corticosteroides, fármacos para la terapia hormonal y antihistamínicos. La mayoría de estos fármacos pueden presentar graves efectos secundarios, psíquicos y físicos; efectos secundarios que no presentarían otro tipo de tratamientos, los naturales.

La sociedad en general tiene la imagen de que la marihuana abre el apetito; es un conocido recurso en comedias o sitcoms que alguien que acabe de pegarse una buena fumada, se pierda indeciso entre los pasillos de un supermercado o arrample con lo más gocho que hay en la nevera.

El sistema endocannabinoide tiene una importancia fundamental para la regulación del apetito, el hambre y la saciedad. Los receptores cannabinoides se encuentran ampliamente distribuidos por todo el sistema digestivo, así como por las regiones del cerebro que se consideran esenciales para el eje cerebro-intestinal. Por lo que la administración de cannabinoides a pacientes con falta de apetito puede ser beneficioso para los mismos.

Aunque hay pocos estudios disponibles que investiguen, específicamente, el efecto del cannabis en el apetito de los enfermos de anorexia nerviosa, existen múltiples estudios sobre el efecto de los cannabinoides en pacientes con anorexia asociada a otras enfermedades como SIDA o cáncer.

En un estudio a largo plazo con 94 pacientes de SIDA el efecto estimulante del apetito del THC continuó durante varios meses. El THC aumentó el apetito al doble en una escala analógica visual en comparación con el placebo y los pacientes tendían a mantener el peso corporal a partir de los siete meses. También se han obtenidos datos satisfactorios en cuanto a ganancia de peso en un estudio con 15 pacientes de Alzheimer que se habían negado a comer.

Otro estudio descubrió que los niveles sanguíneos de anandamida – cannabinoide endógeno – aumentaban en los enfermos de anorexia nerviosa, y que dichos niveles estaban relacionados, inversamente, con los de grelina – molécula que participa en la regulación del apetito y la ingesta de alimentos -. Esta molécula estimula el sistema nervioso periférico y el cerebro, produciendo sensación de hambre cuando el estómago está vacío. Se observó que el THC actuaba con eficacia como sustituto de la grelina en los pacientes con cáncer tratados con quimioterapia.

Un estudio más que examinó los cerebros de mujeres anoréxicas, bulímicas y sanas, concluyó que las pacientes con anorexia y bulimia presentaban un incremento en la densidad del receptor CB1 en una región del cerebro – corteza insular –  que cumple una función esencial en el sistema de placer-recompensa. También se descubrió que los niveles de endocannabinoides de origen natural eran inferiores en estos dos grupos.

Gracias a estos ensayos, la comprensión del sistema endocannabinoide aumenta y se puede comprender mejor que hace unos años el papel que juega en el desarrollo y control de este tipo de enfermedades. Aun así, existen opiniones en contra con una idea que a muchos fumadores no os resultará tan descabellada; el consumo rutinario de cannabis puede provocar en ciertas personas disminución del apetito hasta que se fuma un porro, o vaporiza. En China se ha utilizado el cannabis tradicionalmente como inhibidor del apetito, pero no existen estudios conocidos sobre la posibilidad de que el consumo de marihuana pueda provocar anorexia o ayudar a enfermos de TCA a aguantar el hambre. Sin embargo, los creadores de Sativex aseguraron que los cannabinoides CBD y THCV ejercen un efecto supresor del apetito en su administración a ratones.

Cuando un paciente se decide a tratarse – pues no hay que olvidar que sobretodo en este tipo de enfermedades la voluntad es el mejor tratamiento – deberá decidir entre agresivos medicamentos con posibles efectos secundarios, o cannabis medicinal, ya sea vaporizado, combustionado o mediante tinturas. Se entiende perfectamente que cada vez más enfermos de TCA acudan a este remedio, pues lo peor que les puede pasar, es que no funcione.

 

Publicado por @desayunoconweed